La Dirección General de Educación en el municipio de Las Tunas informó sobre un incidente ocurrido el pasado martes 2 de septiembre en la escuela secundaria básica Wenceslao Rivero, de la ciudad cabecera.
Según precisó en nota oficial el doctor Eulicer Escalona Escalona, director de Educación en la capital tunera, el hecho se produjo en la tarde, momentos antes de la salida de los alumnos, cuando dos estudiantes protagonizaron un altercado dentro del aula. Durante la discusión, uno de ellos utilizó un lápiz y provocó rasguños en el rostro de su compañero.
Escalona explicó que tras el suceso se iniciaron reuniones con los estudiantes implicados y sus familias. Como resultado, se adoptarán medidas disciplinarias y administrativas con el fin de prevenir que se repitan hechos de este tipo en los centros educativos del municipio.
Este incidente emerge en medio de una profunda crisis educativa que atraviesa el país en el inicio del curso escolar 2025–2026. Según datos oficiales, la isla enfrentó un déficit nacional de 24.000 docentes al comenzar el ciclo anterior. Provincias como Sancti Spíritus presentan solo un 68 % de cobertura docente, mientras en Camagüey falta más del 24 % de los maestros, con solo el 75,5 % de plazas ocupadas. Medidas improvisadas como contratar profesores jubilados, estudiantes universitarios o trasladar profesionales de otros sectores complementan la plantilla insuficiente, pero no corrigen el problema de fondo.
A esta escasez se suma la falta de materiales básicos. En el sector educativo nacional, solo se lograron producir alrededor de 2,2 millones de uniformes, lejos de los 3,6 millones requeridos. Además, para reducir costos, se aplicó la llamada “norma ajustada”: un cuaderno es compartido entre dos asignaturas, o incluso entre dos estudiantes, en situaciones en que familias no pueden afrontar el precio de un cuaderno en el mercado informal (cerca de 200 pesos).
La crisis no solo abarca recursos humanos y materiales. Muchas escuelas abrieron con techos con goteras, ventanas rotas, mobiliario insuficiente o directamente sin pupitres, con alumnos que deben sentarse en el piso. Además, los apagones recurrentes —que este año llegaron a paralizar brevemente la actividad escolar debido al colapso del sistema eléctrico en febrero y marzo— obligan a limitar el horario escolar y trastornan el ritmo de aprendizaje.

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