La cubanía, también, se fue a bolina con la revolución de las sombras largas.

Esa es una triste realidad, es nuestra desagradable y humillante existencia, una vergonzosa verdad demasiado evidente a los ojos que nadie, absolutamente nadie, hace más de sesenta y siete larguísimos años, hubiese creído que pasaría y que Cuba, y los seres cubanos, estaríamos sufriendo y viviendo tamaño estado de desastre, de depauperación, de calamidades y de miserias físicas y espirituales.

Por eso los seres cubanos somos una especie, una raza, un reflejo apócrifo de la humanidad, que va camino a la desaparición o a la extinsión definitiva. Un grupo de seres humanos que se tambalea constantemente en una cuerda floja a punto de desprenderse de la carpa de circo en la que nos han obligado a vivir por más de seis décadas, una comunidad obligada a expiar, por toda la eternidad, sus miles de pecados o una tribu anclada en los tiempos ancestrales en los que el látigo del mayoral campeaba por su respeto y la sangre bañaba nuestros raquíticos cuerpos.

Porque es demasiado, es absurdo, es ilegal y es insostenible, es decir, cada paso que da esa criminal dictadura que usurpa el poder en mi país, cada acción que emprende y cada medida, o grupo de ellas, como les gusta a esos zátrapas decir, es una vuelta de tuerca más, siempre a la izquierda, apretando nuestras vidas, un jalón más de la soga enrollada alrededor de nuestros cuellos, un derrumbe cada vez mayor de nuestras aspiraciones de salir adelante y otro cerrojo que se cierra sobre nuestra obligatoriedad de ser libres para alcanzar el progreso económico, los derechos cívicos y la vergüenza nacional que se necesita para avanzar y no retroceder, nunca más, hacia ese Estado fallido de mal orden, de mala humanidad y de falso patriotismo en que nos encontramos.

Una dictadura del proletariado, un tiempo que nos ha sido enorme a los cubanos, tanto a los de allá como a los de acá, una sarta de días improductivos en los que hemos malvivido períodos “especiales” de escasez, de hambruna, de necesidades, de múltiples enfermedades extrañas, de improperios, de brutal represión al cuerpo y al alma, de derrumbes de todo lo sólido, de acumular tristezas por la separación y el abandono, de malgastar las esperanzas en los deseos divinos y en desgastarnos en suplicar porque nos llegue algo, una mínima cosita, que arrancarle a esa perra vida castro-comunista que, sálvese quien pueda, nos han obligado vivir.

Y es así, nos hundimos los seres cubanos, nos desaparecemos, nos difuminamos entre los basureros de esa execrable tiranía morbosa que pululan en cada esquina de mi barrio y que, como malos patriotas, hemos convertido en estandartes a nuestra incapacidad, a nuestra cobardía, a nuestro miedo a defender nuestros derechos, a la sumisión de los designios dictatoriales y a nuestra apatía a todo lo que destruye la nación cubana.

Dice mi amiga la cínica que nosotros, en vez de arrojar la basura en nuestras esquinas de vivir, tendríamos que hacerlo frente a las “instituciones” del castrismo, frente a sus dependencias del “gobierno” y frente a los locales donde se encierran los del partido comunista a organizar sus grandes cogiocas, a gozar sus bacanales ideológicas y a repartirse en pedacitos un país que nos pertenece, solo a nosotros, como pueblo cubano.

Así vivimos en un país que no es feliz, ni fecundo, ni refrescante y mucho menos próspero, una vida repleta de inestabilidad, de estrés, de miedos, de escaches, de abusos, de absurdos, de cadenas, de vértigos y de espantos, otra muerte para rodar hacia el abismo de las fosas albañales y de hundirnos en las letrinas donde, desde el mismísimo 1 de Enero de 1959, hemos ido tirando nuestro orgullo, nuestra hidalguía, nuestros valores como nación, nuestro patriotismo, nuestra vergüenza y nuestra cubanía.

Y como vaticinio asegurado anuncio que mientras no nos sacudamos del cuerpo y del alma esa vil estafa, llamada revolución socialista, los seres cubanos continuaremos padeciendo el mal que nos acongoja, las penas que a mi me matan, seguiremos lamentándonos por los rincones de la Patria y seremos los principales culpables del hundimiento de Cuba, y no en el mar como la Atlántida, no, desapareceremos inevitablemente en esa letrina pestilente, asquerosa y endiablada, que construimos hace más de sesenta y siete larguísimos años, junto al demonio de fidel castro gritando patria o muerte…

Acerca de Ricardo Santiago 10 Artículo
Ayudar al mundo a entender desde la voz de un cubano el porque muchos dejaron su pais, otros mueren, sin protestar ,dentro de Cuba, y otros aun defienden la revolución castrista. Escritor. Autor de Por eso me fuí de Cuba.

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