Carlos Varela volvió a apuntar contra el poder que castiga, aplasta y se cree intocable. El cantautor cubano compartió en Instagram un fragmento de Los guapos, una canción de su próximo disco en la que describe a quienes mandan desde arriba como dueños de la fuerza y del castigo. En un país donde la soberbia del poder ha sido rutina política durante décadas, el adelanto encaja de lleno en su obra y en la lectura que muchos cubanos hacen de sus letras.
En el fragmento difundido, Varela canta: “Dicen que allá arriba no toman sopa, que todos se odian pero no se tocan. Si tú no los respetas, ellos se hacen valer. A todo el que los reta, lo van a joder. Pateando tus sueños, pateando tus alas, porque ellos son los dueños, porque les da la gana”. La frase va directo al centro de una cultura política basada en la impunidad, el miedo y la obediencia forzada.
El músico presentó el tema como “uno de los temas que estoy grabando para mi nuevo disco”. No hizo una denuncia explícita con nombres ni instituciones, pero el lenguaje de la canción insiste en una estructura de poder que se sostiene por encima de la gente común. Esa ha sido una constante en Varela, uno de los pocos cantautores cubanos que ha mantenido distancia frente a la propaganda oficial y también frente a los silencios convenientes.
Su postura crítica no es nueva. En tiempos en que jóvenes creadores se plantaron frente al Ministerio de Cultura en La Habana, Varela defendió el derecho al disenso y advirtió que una sociedad que amenaza, censura y encierra a quienes piensan distinto termina convirtiendo en presos de conciencia a millones de personas. Aquella afirmación sigue teniendo peso en una Cuba donde el régimen ha hecho del castigo político una herramienta de control.
El adelanto llega después de Nada es como antes, disco publicado el 22 de noviembre de 2024. Ese álbum incluyó nueve canciones y temas como Hot cake, Demasiado tiempo, Libre, Tu alma y la mía y Elefantes. También recogió La feria de los tontos, una pieza que ya había circulado en 2021 con Sweet Lizzy Project y que reforzó la veta de comentario social que acompaña al artista desde hace años.
Varela, nacido en 1963, comenzó a componer en 1978, pasó por la Nueva Trova y se graduó de actuación en el Instituto Superior de Arte. Desde entonces, su repertorio ha quedado marcado por canciones que hablan de la fractura moral del país, del abuso del poder y del precio de no someterse. Títulos como La política no cabe en la azucarera, Muro, Foto de familia o Todos se roban forman parte de esa huella incómoda que el régimen nunca ha podido domesticar del todo.
La nueva canción confirma que Varela sigue escribiendo desde el lado de los que observan el abuso y no se arrodillan. En un entorno donde la crítica suele pagarse caro, ese simple gesto vuelve a tener una carga política evidente. El poder cubano se sostiene sobre privilegios, miedo y censura; por eso cada vez que una voz conocida lo retrata como una maquinaria de impunidad, la denuncia trasciende la música y entra de lleno en la realidad del país.

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