A los castro-comunistas les fascinan las consignas, la retórica social, los “pensamientos”, “pon tu pensamiento en mí”, las frases célebres, las amenazas, la historia “maltratada”, el chantaje, los recordatorios inservibles y las evocaciones del más allá, mientras más grandilocuentes y rimbombantes mejor, sobre todo aquellos que repiten alguna paja mental de su eterno líder o alguna frase chamusquina de uno de sus pensadores históricos, en eso son los campeones del asco.
Si usted analiza el discursito de cualquiera de los funcionarios o lameculos del castrismo se dará cuenta que es lo mismo con lo mismo, al duro, sin guantes, a la trompa’ y abran paso que vomito.
A esos fulanoides les encantan las baladas “chicharroneras”, son especialistas en decir: “Como dijo nuestro querido…”, e inundan sus peroratas con las palabras del difunto, con la verborrea pajillezca del “invencible” o con las sentencias del “eterno” aunque sea una mierda, o un disparate, lo que este dijera en sus divagaciones.
La estrategia discursiva del castro-comunismo se basa en redundar las mismas ideas, hasta hacerlas creíbles, para lograr que las masas coreen sus desatinos, crean en sus lamentos, vociferen como cornetas desgañitadas sus insultos, mi guerrita es tu guerrita, entumezcan sus cerebros con el miedo al fantasma del capitalismo y sólo repitan, como loritos milicianos amaestrados: que si la victoria o la muerte, la unidad para vencer y no para ser vencidos, el pueblo revolucionario no come carne, el invencible se fue y nos dejó quema’os, el picadillo de soya da asco, el imperialismo es un abusador, el bloqueo, más sacrificio, ¿dónde está la productividad?, nos atacan por atrás, no hay agua y se fue la luz.
Los castristas le espantan un discurso a cualquiera donde sea y a la hora que sea: “a donde sea fidel, a donde sea…”
Dice mi amiga la cínica que los discursos son la savia vital de los castristas, que no se concibe un imbécil de esos si no habla porquerías hasta por los codos para “defender” a esa tiranía “carnavalera”. La propaganda mentirosa para ellos es imprescindible: “Tienen que empujarles sus ideas a los demás como un purgante porque si no a la gente se les olvida que existen y en seguida los mandan pa’l carajo”.
En Cuba nadie quería ser comunista, la inteligencia natural del cubano los marcó desde el principio como unos facinerosos, unos muertos de hambre y unos aprovechados, así de simple, pero todos sabemos el giro que después tomaron los acontecimientos y el oportunismo político de los hermanos castro y su prostituido concubinato con los soviéticos y sus acólitos.
A Camilo Cienfuegos lo mataron por eso mismo, porque no era y nunca iba a ser comunista. A otros hombres también. A muchos los encarcelaron de por vida, de por muerte y les quitaron toda posibilidad de existir por el sólo hecho de descubrir a tiempo las verdaderas intenciones de esas bestias.
El 1 de Enero de 1959 empezó en Cuba la “fiesta” de los discursos, de los letreros y de la propaganda más venenosa que puede soportar la mente humana. La publicidad del capitalismo dio paso a la propaganda marxista-leninista y a las idioteces de fidel castro, repetidas hasta la saciedad, sin que nadie pudiera detenerlos.
El Apóstol, el más lúcido pensador que ha dado la nación cubana, es a mi juicio el más ultrajado por ese frenesí enfermizo de arengar con palabras al pueblo, el más retorcidamente mancillado porque, desde que lo culparon de ser el autor intelectual del asalto al Cuartel Moncada, hasta manipular una frase tan bella y tan sentida como: “Patria es humanidad…”, esos delincuentes no se han cansado de utilizar su obra para beneficio propio, demostrando que no tienen gandinga y que mucho menos sienten respeto por la inteligencia de los seres cubanos.
Hoy Cuba es una gran consigna, en eso la ha convertido esa dictadura, para donde quiera que usted mire encontrará un enorme cartel con cualquier arenga populista, frase justificando el desastre revolucionario, diatriba contra el imperio del Norte o un versito triunfalista dicho desde el más allá.
Desde hace más de sesenta y siete larguísimos años al pueblo cubano lo han obligado a creer la gran mentira de que “venceremos”, nos la han empujado por los cuatro costados, la hemos oído hasta cuando vamos al baño a hacer nuestras necesidades, nos la han repetido tantas veces que hoy por hoy se ha convertido en la inercia que nos mueve y que: Por cierto, ¿a quién es que vamos a vencer?
MALDITA AGONÍA…
Ricardo Santiago.


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