Donald Trump volvió a poner a Cuba en el centro del debate político en Estados Unidos en un momento especialmente delicado para el régimen castrista. Sus declaraciones coinciden con una crisis económica cada vez más profunda y con señales de desacuerdo dentro de la propia cúpula gobernante sobre el rumbo que debe seguir el país.
Mientras Miguel Díaz-Canel insiste en que la prioridad es preservar la llamada Revolución, el primer ministro Manuel Marrero apuesta por acelerar reformas económicas para intentar aliviar el deterioro. Entre sus planteamientos figura la posibilidad de transformar empresas estatales en sociedades mercantiles, una propuesta que refleja hasta qué punto la crisis ha obligado al régimen a replantearse algunos de sus dogmas económicos.
El economista cubano Elías Amor considera que estas diferencias rompen con la tradicional uniformidad del discurso oficial. A su juicio, una parte de la dirigencia intenta introducir cambios que permitan sostener el sistema, mientras otro sector sigue aferrado a la defensa del modelo político vigente.
La economía continúa acumulando señales de desgaste. La inflación permanece elevada, escasean las divisas, el turismo sigue sin recuperarse y también disminuyen las remesas, la inversión extranjera y los ingresos por exportación de servicios. A ello se suma la parálisis que afecta a sectores estratégicos como el transporte, la construcción y la infraestructura.
Quienes terminan soportando el peso de esa crisis son los ciudadanos. El deterioro del poder adquisitivo, la escasez de productos básicos y el empeoramiento de los servicios públicos forman parte de la realidad cotidiana de millones de cubanos. A ese escenario se añaden las denuncias por la permanencia de presos políticos y las restricciones a las libertades fundamentales.
Más que anunciar una apertura, las diferencias que hoy afloran dentro de la cúpula parecen reflejar la creciente presión que ejerce una crisis imposible de ocultar. El régimen busca fórmulas para ganar tiempo, pero evita abordar el problema de fondo: un sistema político y económico que muestra claros signos de agotamiento.

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