En la pasada Asamblea del Poder Popular en Cuba se acordó liberar parcialmente las fuerzas productivas del país, en una aparente apuesta por provocar una respuesta favorable de la administración estadounidense. Sin embargo, lejos de tragarse el anzuelo, el secretario de Estado de Estados Unidos reaccionó de manera inesperada.
Poco después de que el régimen cubano anunciara una amplia apertura económica destinada a atraer inversiones y capital extranjero, el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció nuevas sanciones contra empresas clave del conglomerado militar GAESA, varias entidades estatales generadoras de ingresos y un miembro de la familia Castro.
Entre las entidades sancionadas figuran Almacenes Universales S.A., vinculada a GAESA y al control logístico del Puerto del Mariel; RAFIN S.A., una de las principales estructuras financieras del conglomerado militar; el Banco Financiero Internacional (BFI), utilizado para operaciones financieras del régimen dentro y fuera de Cuba; GeoMinera S.A., empresa estatal relacionada con la explotación de recursos minerales; y Antillana de Acero, la principal siderúrgica del país.
Además, Washington sancionó a Annalie Lilliam Rueda Cardero, esposa de Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro y una de las figuras más influyentes dentro del aparato de seguridad cubano.
Según Rubio, estas entidades “financian, facilitan o se benefician de las actividades malignas del régimen tanto en Cuba como en el resto del hemisferio”.
El secretario de Estado también lanzó una advertencia directa a bancos y empresas extranjeras: cualquier entidad que mantenga relaciones comerciales con los sancionados corre el riesgo de ser objeto de sanciones por parte de Estados Unidos.
La medida ha sido interpretada como una respuesta de Washington a las estrategias económicas diseñadas por La Habana. El mensaje parece claro: si no hay libertad para los cubanos, no esperen concesiones de Washington.
La pregunta es inevitable: ¿qué harán ahora? Si Estados Unidos logra cortar las principales fuentes de divisas que sostienen a la dictadura, ¿qué les quedará? Sin electricidad, sin combustible, sin alimentos, ¿se acerca la opción cero?
Una cosa es invocar al diablo y otra muy distinta es verlo llegar. No hace falta disparar un solo tiro ni lanzar una invasión. Basta con esperar que el sistema termine desplomándose bajo el peso de sus propias contradicciones.
Katungo.

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