Los cubanos sí trabajan… si los dejan

En Cuba, trabajar se ha vuelto una rareza. Según los datos de la propia Oficina Nacional de Estadística e Información, más de la mitad de los ciudadanos en edad laboral no tienen empleo. Aun así, el régimen evita la palabra «desempleo» y prefiere positivizar la narrativa de sus estadísticas llamándole “tasa ocupacional”, como si se tratara de un mérito en lugar de un síntoma de su rotundo colapso.

Tan alarmante, o más aún, es la demografía del segmento de la población que sí trabaja: cerca del 50 % tiene entre 45 y 64 años de edad. La población envejece aceleradamente, y el país se hunde en un marasmo sin relevo generacional. El régimen no solo ha sido incapaz de retener a su juventud: ha construido un modelo en el que no hay espacio para que la iniciativa individual florezca. En Cuba, no se despide: simplemente no se contrata. El Estado, empleador absoluto, ha demostrado que no puede ofrecer ni sustento ni propósito. Los jóvenes lo saben y huyen.

La narrativa oficial insiste en que el cubano no trabaja porque no quiere. Pero la realidad desmiente esa calumnia. El éxito de los exiliados cubanos alrededor del mundo lo demuestra. En Miami, en Madrid, en Ciudad de México o en cualquier ciudad que los reciba, los cubanos destacan por su espíritu emprendedor, su disciplina y su afán de superación. Han construido negocios, liderado profesiones, forjado comunidades. Nadie los subsidia. Nadie los obliga. Nadie los oprime. Y trabajan.

La diferencia no está en el carácter del pueblo, sino en el sistema que lo oprime. En Cuba, el trabajo no dignifica: humilla. No aporta: empobrece. No amplía horizontes: aisla. Porque no hay libertad económica, ni propiedad privada, ni futuro. Quien trabaja lo hace por inercia, por necesidad o por resignación.

La ruina del mercado laboral en Cuba es el resultado lógico del modelo castrocomunista que centralizó la economía, erradicó la propiedad privada y castigó el emprendimiento alejado del estado. Los cubanos sí trabajan,cuando viven en libertad.

Mientras el Gobierno cubano gestiona cerca del 65 % del empleo a través del sector estatal, las micro, pequeñas y medianas empresas privadas han emergido como el espacio más dinámico del mercado laboral. Según datos oficiales, en el primer trimestre de 2025 existían aproximadamente 9,550 mipymes privadas, en comparación con solo 201 estatales, mientras que la economía estatal sumaba 2,036 empresas formales.

Estas mipymes privadas han generado alrededor de 260,000 empleos, frente a los 1,43 millones que emplea el sistema empresarial estatal. Aunque representan menos del 18 % del total de trabajadores indefinidos, su crecimiento ha sido constante y su remuneración suele superar la del sector estatal.

A diferencia del sistema estatal, dominado por la burocracia, la centralización de la gestión empresarial y la escasa productividad, el sector privado ha demostrado ser capaz de ofrecer soluciones rápidas, empleo relevante y productos de calidad. La fuerza laboral privada crece con mayor agilidad, hace girar más rápido el capital y exhibe una adaptabilidad que contrasta con la rigidez del Estado.

Sin embargo, estas mipymes funcionan dentro de un marco de legalidad frágil: operan bajo constante acoso estatal, sumidas en un mar de irregularidades y corrupción. También están excluidas de sectores estratégicos como salud, telecomunicaciones o energía, y enfrentan restricciones sobre el número de empleados, las importaciones y las actividades permitidas. Solo representan menos del 15 % del PIB total y su influencia en las ventas del sistema empresarial ronda el 8–14 %.

Aún así, el contraste es evidente: mientras el empleo estatal domina en números pero ofrece salarios paupérrimos y poco dinamismo, las mipymes privadas están fertilizando el terreno para una verdadera libertad económica. Son una muestra clara de que los profesionales cubanos prosperan cuando no dependen del amo estatal, sino de su esfuerzo y su iniciativa.

Acerca de Abel Santiago Francis Acea 37 Artículo
Director de Opinión Cubana. Aspiramos a convertir nuestro trabajo editorial en un modelo de ética, veracidad e imparcialidad informativa. Nuestra misión es informar honestamente e involucrar al publico general cubano en narrativas que les ayuden a comprender el estado actual de la sociedad cubana.

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