La crisis energética que atraviesa Cuba ya no solo se mide en apagones prolongados. Sus efectos alcanzan de lleno a los hospitales, donde la falta de combustible, equipos fuera de servicio y escasez de insumos están retrasando diagnósticos y tratamientos para pacientes con enfermedades graves, especialmente aquellos que padecen cáncer.
La situación de Irisleydis Tristá refleja el deterioro del sistema sanitario. Tras someterse a dos cirugías y varias sesiones de radioterapia, lleva siete meses esperando una tomografía que permita determinar si el tumor reapareció. En el Hospital Hermanos Ameijeiras, uno de los principales centros médicos del país, la respuesta ha sido siempre la misma: no existen los recursos necesarios para continuar el procedimiento.
Las dificultades se repiten en numerosos hospitales. La escasez de combustible afecta el funcionamiento de servicios esenciales y dificulta el traslado de pacientes, mientras faltan jeringuillas, gasas, anestésicos, vacunas y piezas de repuesto para equipos de diagnóstico y hemodiálisis. Como consecuencia, pruebas médicas y operaciones continúan aplazándose indefinidamente.
El impacto también alcanza a la oncología pediátrica. Muchos menores que viven fuera de La Habana necesitan desplazarse periódicamente para recibir tratamiento, pero los problemas de transporte provocan retrasos de varios días o incluso semanas. En enfermedades donde cada ciclo terapéutico resulta determinante, esas demoras aumentan considerablemente los riesgos para los pacientes.
Representantes de la Organización Panamericana de la Salud y especialistas del propio sistema sanitario han reconocido públicamente las dificultades generadas por la escasez de combustible. Desde el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología también se informó del fallecimiento de dos niños durante el presente año, un dato que evidencia la gravedad de una crisis que ya afecta directamente la atención médica.
Al mismo tiempo, la emigración de profesionales de la salud continúa reduciendo la capacidad de respuesta de los hospitales. La falta de alimentos adecuados dificulta además que numerosos pacientes puedan seguir las dietas indicadas durante sus tratamientos, agravando aún más su estado de salud.
Durante décadas, el régimen presentó el sistema sanitario como uno de sus principales logros. Sin embargo, los apagones, la escasez de combustible, la falta de inversiones y el deterioro general de la infraestructura hospitalaria muestran una realidad muy distinta para miles de cubanos que esperan atención médica. Hoy, acceder a un diagnóstico oportuno o completar un tratamiento puede depender más de la disponibilidad de recursos que de las necesidades clínicas del paciente.

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