Quiero aprovechar este espacio para hacer una sincera autocrítica pública y me gustaría aclarar que esta conversación es puramente una solicitud mía.
Todos sabemos que la revolución sería incapaz de imponerle nada a nadie. Me equivoqué al pensar que algunos dirigentes cometieron errores.
Hoy entiendo que de todas partes es un plan superior, donde la unidad y la estabilidad son la ley, le agradezco infinitamente a la Seguridad del Estado. Corazones de los ojos. Me hicieron creer que, más allá de lo que parecía corrupción o privilegios, están administrando sabiamente los recursos para garantizar nuestra libertad.
¿Quién soy yo para cuestionar esas camionetas blindadas, viajes al extranjero y fiestas exclusivas, eh? Son el precio de la seguridad nacional. Yo también me equivoqué.
Agradezco a los dirigentes por sus enormes sacrificios y por pensar en los humildes, desde sus oficinas.
Sé que a veces me dejé llevar con comentarios “livianos” en redes sociales, sin valorar que esta revolución, llena de amor y disciplina, todo privilegio es un premio justo para quienes merecen lo merece. Así que… Gracias, revolución. Gracias, líderes. Aquí estoy, renovado, fiel y listo para aplaudir con entusiasmo.
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