Vecinos del reparto Martín Pérez, en San Miguel del Padrón, salieron a la calle y bloquearon la Vía Blanca después de pasar más de 48 horas seguidas sin electricidad. La protesta, según el reporte citado, estalló por el cansancio acumulado ante los apagones, la falta de comida y la ausencia de libertades que la gente arrastra en medio del colapso cotidiano que vive Cuba.
La escena importa porque no aparece como un hecho aislado ni como un simple reclamo vecinal. En la víspera del quinto aniversario del 11J, vuelve a verse en la calle el mismo malestar que empujó a miles de cubanos a desafiar el control del régimen en julio de 2021: la vida apagada, la escasez en la mesa y el hartazgo frente a un poder que no resuelve y tampoco escucha.
San Miguel del Padrón se convierte así en otro punto de presión sobre una dictadura que ha normalizado la miseria eléctrica como parte del paisaje nacional. Cuando un barrio entero termina bloqueando una vía principal para hacerse sentir, el mensaje es claro: la gente dejó de esperar soluciones y empezó a protestar por supervivencia. Ese gesto dice más sobre el fracaso del sistema que cualquier propaganda oficial.
La cercanía con el aniversario del 11J añade tensión política al episodio. La fecha no solo recuerda una jornada de protesta histórica; también evidencia que las causas que llevaron a aquella explosión siguen intactas. Apagones prolongados, hambre y falta de libertades continúan empujando a los cubanos al límite, mientras el régimen insiste en administrar la crisis en vez de enfrentarla.
La protesta en Martín Pérez confirma que el malestar social no desapareció con la represión ni con el paso del tiempo. Sigue ahí, en los barrios, en la oscuridad y en la rabia de familias que cargan con el costo directo de un país mal gobernado.

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