La reciente escalada del dólar en el mercado informal cubano ha llevado a un nuevo récord histórico: 600 pesos cubanos (CUP) por dólar estadounidense. Este salto significativo fue documentado por el medio elTOQUE, y refleja un deterioro alarmante de la moneda nacional. En contextos económicos complicados, esta cifra no solo representa una cuestión numérica, sino un dramático indicador de la crisis que atraviesa Cuba.
El aumento del valor del dólar es el resultado de una depreciación sostenida del peso cubano que ha presenciado una caída abrupta y preocupante en las últimas semanas. Desde mediados de mayo, el peso ha perdido 65 pesos de su valor en tan solo 12 jornadas, representando una depreciación del 12.1% en poco más de un mes. Este fenómeno económico ha superado incluso las proyecciones más pesimistas del Observatorio de Monedas y Finanzas de Cuba (OMFi), que había anticipado un valor de 562 CUP para finales de mayo, con pronósticos que no llegaban a imaginar un escenario de esta magnitud.
Desde que el dólar superó por primera vez los 500 CUP en febrero de 2026, un panorama de preocupante inestabilidad se ha establecido. La evolución de la tasa de cambio es un reflejo claro de la crisis estructural en la que se encuentra el país. La moneda cubana ha ido cruzando umbrales críticos: comenzó en los 200 CUP en octubre de 2022, subió a 300 CUP en febrero de 2024, alcanzó 400 CUP en agosto de 2025, y finalmente rompió el límite de 500 CUP solo para alcanzar ahora los 600 CUP en junio de 2026.
Este deterioro progresivo no ha ocurrido en el vacío. La crisis energética persiste, el turismo sigue cayendo drásticamente —con apenas 35,561 visitantes internacionales en marzo de 2026, un 82% menos que en el mismo mes del año anterior— y la capacidad del Estado para competir por divisas en el mercado oficial se ve muy comprometida, exacerbada por la falta de reservas líquidas disponibles.
La tasa oficial del Banco Central, establecida en 514 CUP por dólar, está profundamente desfasada respecto al mercado informal, lo que genera una brecha de 86 pesos que fomenta la demanda en el sector no oficial. Este desajuste impacta directamente a los ciudadanos, que ven cómo los precios de los productos importados —una parte significativa del consumo en la isla— se disparan de manera constante.
A medida que la tasa de cambio se eleva, la calidad de vida de los cubanos se ve afectada en su raíz, especialmente para quienes dependen exclusivamente de salarios en pesos cubanos. La diferencia entre sus ingresos y el costo de la canasta básica se amplía sin cesar, convirtiendo la cotidianeidad en una lucha constante. En los primeros cuatro meses de 2026, el peso ha perdido más valor que en todo el año anterior, lo que genera dudas sobre una posible recuperación a corto plazo.
Como bien señala elTOQUE, este nuevo umbral histórico no representa un techo; la tendencia sugiere que el deterioro continuará si no se abordan las raíces del problema. El régimen tiene la responsabilidad de implementar medidas efectivas para detener este ciclo de devaluación, pero hasta ahora, la falta de una política económica coherente y sostenible deja a los cubanos al borde de una crisis más profunda.

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