¿De qué franquicias cubanas habla Díaz-Canel?

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Cuando le preguntaron a Díaz-Canel si Cuba estaría dispuesta a admitir franquicias internacionales como Burger King, McDonald’s o Starbucks, respondió que sí, siempre y cuando se permitiera, en igualdad de condiciones, la entrada de franquicias cubanas en Estados Unidos.

La respuesta deja una pregunta inevitable: ¿de qué franquicias cubanas está hablando?

¿Se refiere a empresas como Cubamax, Mercado 23 o a las agencias dedicadas al envío de remesas y paquetes a Cuba? La realidad es que muchas de esas empresas no son franquicias cubanas nacidas y desarrolladas en la isla, sino negocios establecidos en el exterior para atender a la comunidad cubana emigrada. No representan una marca comercial creada y expandida desde la economía cubana.

Una franquicia supone un modelo empresarial exitoso, con una marca consolidada, capacidad de expansión y reglas comerciales claras. Cuba, después de más de seis décadas de economía centralizada, apenas cuenta con empresas privadas capaces de competir internacionalmente bajo ese esquema. Esa es una consecuencia directa de un sistema que, durante décadas, combatió precisamente la propiedad privada y la iniciativa empresarial.

La afirmación de Díaz-Canel parece plantear una falsa equivalencia. Estados Unidos podría permitir el establecimiento de empresas cubanas siempre que estas cumplieran con sus leyes comerciales y regulatorias. El verdadero problema es que en Cuba la inversión extranjera opera bajo un sistema donde el Estado —y especialmente el conglomerado militar GAESA— mantiene un papel predominante en numerosos sectores estratégicos. Por eso, la comparación entre ambos modelos resulta, cuando menos, discutible.

La cuestión de fondo no es si Burger King o McDonald’s pueden abrir restaurantes en Cuba. La verdadera pregunta es si el gobierno cubano está dispuesto a crear un marco económico donde exista libertad de empresa, igualdad de condiciones para los inversionistas y reglas transparentes para todos, incluidos los propios emprendedores cubanos.

Mientras esas condiciones no existan, hablar de reciprocidad entre franquicias parece más un recurso retórico que una propuesta económica viable.

Al final, uno termina preguntándose si quien hizo esa afirmación desconoce cómo funciona el sistema de franquicias y el comercio internacional, o si simplemente confía en que pocos se detendrán a analizar la lógica de sus palabras. Porque, francamente, cuesta encontrarle sentido a semejante planteamiento.

En síntesis, es una barrabasada la pregunta y la respuesta también.

Katungo.

Acerca de Luis Alberto Ramírez 7 Artículo
Ningún cubano será completamente libre, hasta que todos lo sean.

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