El dólar y el euro volvieron a subir este sábado en el mercado informal cubano y quedaron a las puertas de los 700 y 800 pesos, una señal más de que el peso sigue cayendo sin freno mientras el régimen insiste en maquillar la crisis con anuncios que no cambian la calle.
Según la referencia publicada por elTOQUE a las 06:30, el dólar escaló a 693 CUP, tres pesos más que el viernes, y el euro llegó a 795 CUP, cinco pesos por encima del día anterior. La MLC también avanzó hasta 505 CUP. En términos prácticos, eso significa que cada salto del mercado encarece de inmediato la comida, el transporte, los medicamentos y cualquier compra que dependa de divisas.
La subida llega después de un mes de junio desbocado. El dólar arrancó en 585 CUP y suma 108 pesos de aumento en apenas veinte días. El euro, que comenzó en 645 CUP, trepó 150 pesos en el mismo tramo. Son variaciones que golpean a un país donde los salarios siguen en moneda hundida y donde el acceso real a dólares o euros decide quién puede resolver y quién queda atrapado en la escasez.
La respuesta oficial tampoco frenó la presión. El viernes, Manuel Marrero Cruz presentó ante la Asamblea Nacional un paquete de 176 medidas económicas, descrito como el mayor desde el Período Especial, pero el mercado informal reaccionó con más alzas, no con confianza. La señal es clara: la gente no cree en anuncios tardíos ni en promesas de corrección mientras el régimen sigue sin resolver el fondo de la crisis.
La distancia entre lo que marca el mercado y lo que reconoce el Estado también desnuda la falsedad del control cambiario. El Banco Central de Cuba fija el dólar en 573 CUP y el euro en 657 CUP a través de CADECA, muy por debajo de la calle. Esa brecha confirma que el régimen no domina la economía: la administra a golpe de precariedad y termina quedándose sin divisas para sostener su propia ficción oficial.
Con el dólar ya en 693 pesos y el euro en 795, la economía cubana vuelve a exhibir su fracaso más visible: una moneda nacional pulverizada, una inflación que se come los ingresos y una población obligada a vivir pendiente del precio diario de la divisa. Cada nuevo récord informal recuerda lo mismo: en Cuba, el bolsillo manda más que el discurso del poder.

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