Un recluso de la prisión Kilo 8, en Camagüey, denunció haber permanecido inmovilizado durante 24 horas en un dispositivo conocido como el “potro de tortura”, tras quejarse por las condiciones de reclusión dentro del penal.
Según el testimonio de Martín Silveiro Sánchez, el castigo consistió en permanecer esposado de pies y manos sobre una cama fijada al suelo, con las extremidades completamente extendidas. El preso afirmó que la medida fue ordenada por funcionarios de la prisión.
De acuerdo con la denuncia, otros internos describieron ese procedimiento como un método de castigo utilizado durante largos periodos, en el que los reclusos permanecen inmovilizados sin poder atender sus necesidades básicas.
Silveiro Sánchez aseguró que, tras ser liberado, presentaba inflamación y lesiones en manos y pies. También denunció que las autoridades penitenciarias se negaron a emitir un certificado médico que documentara su estado físico.
El caso vuelve a poner el foco sobre las denuncias de malos tratos y posibles actos de tortura en las cárceles cubanas, prácticas que organizaciones de derechos humanos consideran incompatibles con los estándares internacionales para el tratamiento de las personas privadas de libertad.

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