La Seguridad del Estado volvió a montar operativos frente a las casas de varios periodistas independientes y opositores en La Habana y Camagüey, en una maniobra de hostigamiento que coincidió con la recepción organizada por el jefe de misión de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, por el Día de la Independencia norteamericana.
Camila Acosta, periodista de CubaNet, denunció que agentes permanecían apostados frente a su vivienda y que el despliegue era “más fuerte de lo habitual”. Desde otro punto de la capital, Yoani Sánchez informó que efectivos de la policía política estaban en los bajos de su edificio para impedirle salir. María Cristina Labrada, integrante de las Damas de Blanco, reportó un operativo amplio alrededor de su casa en Santo Suárez, con patrullas, uniformados y agentes de la Seguridad del Estado.
La presión también alcanzó a Camagüey. Allí, Henry Constantín Ferreiro, director de La Hora de Cuba, advirtió que desde el lunes había sido amenazado con una detención si intentaba viajar a La Habana para asistir a la recepción en la residencia diplomática estadounidense. El mensaje fue el mismo de siempre: el régimen vigila, limita la movilidad y decide quién puede o no puede acudir a una actividad pública convocada por una misión extranjera.
Lo ocurrido este miércoles confirma un patrón que la dictadura repite cada vez que se acerca una fecha sensible o una actividad donde confluyen voces críticas y miembros de la sociedad civil independiente. El aparato represivo se activa con arrestos domiciliarios, cercos policiales y detenciones temporales para cortar la circulación de periodistas, activistas y opositores antes de que puedan aparecer en un espacio incómodo para el poder.
Camila Acosta arrastra además un historial de vigilancia, detenciones arbitrarias e intimidaciones ligadas a su trabajo informativo. En varias ocasiones también fue desalojada de viviendas cuyos propietarios recibieron presiones de las autoridades para dejar de alquilárselas. Esa persecución sostenida retrata con claridad el costo de ejercer periodismo independiente en Cuba: aislamiento, amenaza constante y castigo político directo.
El precedente más grave quedó marcado en julio de 2025, cuando la Seguridad del Estado interceptó incluso un vehículo diplomático de la Embajada de Estados Unidos que debía trasladar a Camila Acosta y al escritor Ángel Santiesteban hasta la residencia de Mike Hammer. Ese mismo día fueron detenidos también Osniel Carmona Breijo y su esposa, además de los periodistas independientes Rolando Rodríguez Lobaina e Isael Poveda Silva.
La escena de este miércoles deja otra foto del país que sostiene el régimen: vigilancia en la puerta de la casa, amenazas a la libertad de movimiento y castigo contra cualquiera que se relacione con espacios independientes o diplomáticos. En Cuba, la policía política sigue tratando la disidencia como un delito y la prensa libre como una provocación.

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